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La quercetina es un flavonoide vegetal, un tipo de polifenol que las plantas utilizan como defensa frente a la radiación ultravioleta o los patógenos. Nosotros la ingerimos a diario, aunque casi nunca somos conscientes. Las manzanas se han llevado buena parte de la fama respecto a su contenido, pero ni de lejos son la principal fuente. Cantidades especialmente altas aparecen en cebollas (sobre todo las rojas), alcaparras, arándanos, uvas, cerezas, brócoli y té . En algunos casos, una ración pequeña de estos alimentos contiene más quercetina que varias manzanas juntas.
El problema es que, en el organismo humano, la quercetina se absorbe mal y actúa poco por sí sola. Aquí es cuando entra en juego un factor que la nutrición clásica ignoró durante décadas: el microbioma intestinal. Un nuevo estudio, publicado en Cell Metabolism, muestra que la quercetina solo despliega parte de su potencial cuando ciertas bacterias intestinales la transforman químicamente. No es la molécula original la que importa, sino lo que nuestros microbios hacen con ella.
Los autores del estudio, liderados por Penghu Han, identificaron un metabolito concreto (DOPAC, siglas de ácido dihidroxifenilacético) generado a partir de la quercetina por bacterias intestinales. Ese compuesto actúa directamente sobre células T CD8⁺, piezas clave del sistema inmunitario encargadas de destruir células tumorales. En modelos animales, DOPAC mejora la eficacia de la respuesta inmune y refuerza mecanismos celulares asociados a la protección frente al cáncer. No es una cura, ni una solución mágica, pero sí una pieza nueva en un rompecabezas complejo.
]]>Este proyecto de siembra, respaldado por el Gobierno, comenzó en Montecristi y se ha expandido hasta la comunidad de Pedro Corto, en San Juan, mostrando resultados altamente positivos. Actualmente, Agricultura tiene identificadas nuevas zonas de cultivo en el sur y otras regiones del país.
El ministro Limber Cruz destacó que, gracias a la calidad del producto nacional, empresas de Francia, España, Italia y otras naciones están instalándose en República Dominicana para la elaboración de vinos, sidras y otras materias primas derivadas de la uva.
El proyecto de San Juan abarca unas 18 hectáreas en desarrollo, con variedades Timpson y Sweet Celebration, ambas sin semillas, destinadas tanto al mercado local como a la exportación.
El productor Alberto Ramírez informó que actualmente abastecen supermercados nacionales y varias ciudades de los Estados Unidos.
Participaron además , el administrador del Banco Agrícola, Fernando Durán, el director del Inespre, David Herrera y productores locales.
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